Rafael Acosta.
Otra noche, otro sueño, otra pesadilla.
Me hallo de nuevo parada en la lluvia frente a la casa de mis sueños, de mis pesadillas, recuerdo que la última vez que visite la mansión blanca fue cuando desde la cama de mi habitación del ático sin techo, conocí por primera vez la sombra, cosa, o criatura que me perseguiría en mis siguientes pesadillas. La conocería mas esa noche.
Entro de nuevo a la mansión, esta vez estaba vacía, no está mamá, ni mis 2 hermanos pequeños, ¿a donde podrían haber ido?, sonaron unas campanas y la merienda estaba servida, me senté en una silla gigante, parecía una muñeca de porcelana en una silla tan grande como aquella, había servido en la mesa un banquete que se olía y se veía delicioso, era demasiada comida para una simple merienda, yo sabía que solo era te y galletitas como hacen los londinenses. Mientras yo contemplaba el festín que me iba a dar apareció la mujer de los ojos ausentes, -¿Qué haces aquí?, esta comida no es para ti animal salvaje- yo soy una persona con muy poca paciencia y la poca que tengo se termina rápido, así que saque fuerzas de donde no las había y le conteste, -Lo siento señora, no estaba enterada de esto, mire sé que no le agrado y a mi usted no me agrada pero no por eso le voy a permitir que me llame de esa manera-, se dirigió caminando con su bastón hacia mí, temí porque me fuera a pegar con él, así que pensé en agarrar disimuladamente el cuchillo que tenia asentado del lado derecho del mantel, pero la vieja se dio cuenta y me agarro del cabello, -Los animales no deben de entrar a esta casa, tu no perteneces aquí-, sentí mucho dolor mientras me llevaba a la fuerza a un lugar desconocido, caminamos mucho ya que la mansión tenia largos y anchos pasillos, el dolor aumentada con cada paso cojo que daba la anciana, y cuando creí que el dolor iba a ser interminable abrió una puerta que daba al sótano, - Aquí te vas a quedar, aquí es donde la escoria en realidad pertenece, ya verás que tu y ellos se llevaran muy bien Carolina-, me empujo y rodé escaleras abajo hasta quedar tirada en el suelo, el dolor de cabeza no se iba a ir, no tan pronto, yo no tenía ni idea de lo que iba a suceder, y la verdad no quería saberlo.
Cuando recupere parte del sentido, me encontraba en otra sección de la casa la más oscura de todas, ¿había sobrevivido a la caída? sentí un dolor punzante en mi cabeza y encontré algo de sangre, así que si debía de estar viva... aun. Recordaba las palabras de la anciana, "... aquí es donde la escoria en realidad pertenece ...", "... tu y ellos se llevaran muy bien Carolina", me había llamado por mi nombre, yo no recordaba habérselo dicho en ningún momento, eso ya no importaba ahora, lo que me ponía nerviosa era lo que había dicho de "Ellos" ¿Quiénes Ellos?, lo que no sabía es que lo iba a descubrir más pronto de lo que imaginaba, o de lo que hubiera deseado. Era un lugar extraño y siniestro donde ahora me encontraba, era una especie de laberinto infestado de puertas de diversos tamaños y formas pero todas sin excepción eran color blanco. Subí las escaleras y gire la perilla de la puerta, estaba bien cerrada, sentí un dolor extraño en la palma de la mano, ¿Me quedaría aquí atrapada para siempre? El techo era muy alto, eso solo significaba 2 cosas, el sótano es encontraba muy debajo de la tierra o me habían mandado a otra dimensión de la casa, suspendido en el aire en un punto muy alto pero no tan alto para tocar el techo, se encontraba un reloj que se podía observar desde cualquier punto del laberinto que en ese momento marcaba las 7 de la tarde, aun no era de noche, y yo no tenía tanto miedo así que me aventure a entrar al laberinto. Mi gran error.
Poco a poco me iba adentrando en el laberinto, haciéndome muchas preguntas pero principalmente dos, ¿Quiénes eran Ellos?, ¿Que esconden en su interior la extrañas puertas blancas? Mientras crecía mi curiosidad, las horas iban pasando y sin darme cuenta el reloj dio las 9 de la noche y mi miedo fue aumentando al igual que mi desesperación por encontrar el inicio del laberinto, las escaleras por las que había rodado. Camine lento, luego un poco mas rápido, trote, hasta que finalmente corrí, pero un sonido me hizo quedarme helada, ese sonido provenía de una de las puertas, los lamentos, quejidos, en una lengua extraña que había oído en el ático sin techo en mi anterior sueño, se aproximaba a la puerta y sentí que mi corazón se iba a salir de mi pecho, no solo se oía en esa puerta, empezó a oírse en otras puertas y estas se fueron obscureciendo hasta quedar completamente negras, ahora entendía muchas cosas, ahora sabia quienes eran Ellos, sea lo que fuese la cosa que estuviera atrapada en del otro lado de la puerta se había escapado de su puerta en mi sueño anterior y me había hecho una visita nocturna.
Me hallo de nuevo parada en la lluvia frente a la casa de mis sueños, de mis pesadillas, recuerdo que la última vez que visite la mansión blanca fue cuando desde la cama de mi habitación del ático sin techo, conocí por primera vez la sombra, cosa, o criatura que me perseguiría en mis siguientes pesadillas. La conocería mas esa noche.
Entro de nuevo a la mansión, esta vez estaba vacía, no está mamá, ni mis 2 hermanos pequeños, ¿a donde podrían haber ido?, sonaron unas campanas y la merienda estaba servida, me senté en una silla gigante, parecía una muñeca de porcelana en una silla tan grande como aquella, había servido en la mesa un banquete que se olía y se veía delicioso, era demasiada comida para una simple merienda, yo sabía que solo era te y galletitas como hacen los londinenses. Mientras yo contemplaba el festín que me iba a dar apareció la mujer de los ojos ausentes, -¿Qué haces aquí?, esta comida no es para ti animal salvaje- yo soy una persona con muy poca paciencia y la poca que tengo se termina rápido, así que saque fuerzas de donde no las había y le conteste, -Lo siento señora, no estaba enterada de esto, mire sé que no le agrado y a mi usted no me agrada pero no por eso le voy a permitir que me llame de esa manera-, se dirigió caminando con su bastón hacia mí, temí porque me fuera a pegar con él, así que pensé en agarrar disimuladamente el cuchillo que tenia asentado del lado derecho del mantel, pero la vieja se dio cuenta y me agarro del cabello, -Los animales no deben de entrar a esta casa, tu no perteneces aquí-, sentí mucho dolor mientras me llevaba a la fuerza a un lugar desconocido, caminamos mucho ya que la mansión tenia largos y anchos pasillos, el dolor aumentada con cada paso cojo que daba la anciana, y cuando creí que el dolor iba a ser interminable abrió una puerta que daba al sótano, - Aquí te vas a quedar, aquí es donde la escoria en realidad pertenece, ya verás que tu y ellos se llevaran muy bien Carolina-, me empujo y rodé escaleras abajo hasta quedar tirada en el suelo, el dolor de cabeza no se iba a ir, no tan pronto, yo no tenía ni idea de lo que iba a suceder, y la verdad no quería saberlo.
Cuando recupere parte del sentido, me encontraba en otra sección de la casa la más oscura de todas, ¿había sobrevivido a la caída? sentí un dolor punzante en mi cabeza y encontré algo de sangre, así que si debía de estar viva... aun. Recordaba las palabras de la anciana, "... aquí es donde la escoria en realidad pertenece ...", "... tu y ellos se llevaran muy bien Carolina", me había llamado por mi nombre, yo no recordaba habérselo dicho en ningún momento, eso ya no importaba ahora, lo que me ponía nerviosa era lo que había dicho de "Ellos" ¿Quiénes Ellos?, lo que no sabía es que lo iba a descubrir más pronto de lo que imaginaba, o de lo que hubiera deseado. Era un lugar extraño y siniestro donde ahora me encontraba, era una especie de laberinto infestado de puertas de diversos tamaños y formas pero todas sin excepción eran color blanco. Subí las escaleras y gire la perilla de la puerta, estaba bien cerrada, sentí un dolor extraño en la palma de la mano, ¿Me quedaría aquí atrapada para siempre? El techo era muy alto, eso solo significaba 2 cosas, el sótano es encontraba muy debajo de la tierra o me habían mandado a otra dimensión de la casa, suspendido en el aire en un punto muy alto pero no tan alto para tocar el techo, se encontraba un reloj que se podía observar desde cualquier punto del laberinto que en ese momento marcaba las 7 de la tarde, aun no era de noche, y yo no tenía tanto miedo así que me aventure a entrar al laberinto. Mi gran error.
Poco a poco me iba adentrando en el laberinto, haciéndome muchas preguntas pero principalmente dos, ¿Quiénes eran Ellos?, ¿Que esconden en su interior la extrañas puertas blancas? Mientras crecía mi curiosidad, las horas iban pasando y sin darme cuenta el reloj dio las 9 de la noche y mi miedo fue aumentando al igual que mi desesperación por encontrar el inicio del laberinto, las escaleras por las que había rodado. Camine lento, luego un poco mas rápido, trote, hasta que finalmente corrí, pero un sonido me hizo quedarme helada, ese sonido provenía de una de las puertas, los lamentos, quejidos, en una lengua extraña que había oído en el ático sin techo en mi anterior sueño, se aproximaba a la puerta y sentí que mi corazón se iba a salir de mi pecho, no solo se oía en esa puerta, empezó a oírse en otras puertas y estas se fueron obscureciendo hasta quedar completamente negras, ahora entendía muchas cosas, ahora sabia quienes eran Ellos, sea lo que fuese la cosa que estuviera atrapada en del otro lado de la puerta se había escapado de su puerta en mi sueño anterior y me había hecho una visita nocturna.
Probablemente me hubiera quedado helada en mi lugar por muchas horas, pero al ver como la perilla de la puerta empezaba a girar, todas las terminaciones nerviosas de mi cuerpo cobraron vida y se disparo la adrenalina haciéndome correr como Jesse Owens. Corrí pues mi vida dependía de ellos, solo escuchaba como se abrían de golpe las puertas por detrás de mis pasos, el coro de los escalofriantes sonidos se intensificaba como un crescendo, las sombras se arrastraban detrás de mi cada vez mas rápido ¿Ahora que se supone que iba a hacer? ¿Cómo iba a escapar de ahí?, visualicé la escalera a unos metros de distancia, no podía rendirme no ahora estando tan cerca de la salida, pero un estaba lejos, tenía que intentarlo, era mi única salida. Muy pocas veces en mi vida había sentido en realidad el miedo... Esta era una de ellas.
Las sombras me venían pisando los talones, sentía como me jalaban el cabello y tiraban de mi ropa rasgándola, ya faltaba poco la escalera estaba cerca, todo detrás mío era oscuridad la escalera irradiaba luz, tenía que llegar a ella. Me abundo la felicidad cuando pise el primer escalón, pero para mi sorpresa mientras mas subía menos avanzaba y las sombras me sujetaban más fuerte, se reusaban a que escapara, a que quedara el mas mínimo rastro de mi vida.
Todo está perdido, tenía que rendirme, era inútil seguir subiendo y no llegar a la perilla de la puerta por más que extendía el brazo, la primera vez que intente salir por esa puerta había llegado sin el menor problema, pero ahora era diferente, la mansión quería terminar conmigo, terminar de tragarme y digerirme. Pensé en hacer algo arriesgado sabía que si caía, las sombras terminarían conmigo, pero decidí correr el riesgo y me lancé hacia la puerta estrellándome contra la fría y blanca madera, gire la perilla y todo se volvió negro, lo había logrado, había escapado de ese terrible lugar. Pero cante victoria demasiado pronto. Escuche el sonido de uno de Ellos, pero esta vez reconocí claramente lo que dijo, y es lo que me quita las ganas de sumirme en un sueño reparador, la clase de sueños que no tendré por haber entendido el mensaje ... -Vas a regresar Carolina-
Me desperté llorando a gritos y sudando a la mitad de la noche, note que hiperventilaba y mi cama estaba hecha un desastre, había salido del sótano, había salido de la mansión blanca, gracias al cielo estaba de regreso en mi realidad, el mundo donde las pesadillas se viven a diario y no solo cuando dormimos. Pero no estaba del todo segura, aun sentía miedo, y las palabras de la sombra taladraban mi cabeza ¿En realidad estaba a salvo? ¿O al cerrar los ojos regresaría a mi pesadilla para nunca más salir? No estaba segura de la respuesta, sentí un escalofrió que me obligo a voltear hacia la esquina de mi cuarto, sentí la presencia de la sombra, mirándome fijamente, planeando como hacerme regresar a la mansión blanca, el lugar de mis sueños, el lugar de mis pesadillas.
Continuara...
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