Esta historia es tuya...
En el centro de la ciudad, patrimonio cultural, de Campeche, hay una academia de danza a la cual, como tradición de antaño, todas las niñas al llegar a la edad suficiente para poder mantenerse por sí mismas en equilibrio contra el suelo deben ingresar a ella.
Dicha academia es altamente reconocida, ganadora de premios en lugares como Praga, interpretando festivales de clásicos Disney y clásicos de clásicos, auque claro no está de mas el show que se roban de las vegas pero no por eso menos espectacular.
"Ana Rosa C. de B." he aquí el nombre de la misteriosa academia de los párrafos anteriores pero ¿Raro nombre para una academia de ballet, no es así? Bueno querido lector heme aquí dispuesta a contarte la historia de esta Campechana.
Ana Rosa solía ser una bella bailarina de ballet en sus años dorados, delgada flexible, con suave caminar como si sus pies ligeros sobre nubes pasaran, gracia, belleza de porte, incomparable al bailar siendo maestra y prima ballerina en el escenario del teatro de la ciudad "Teatro de Paula Toro" o "Teatro Toro", para los amigos, cofre de tesoro de un sin fin de leyendas que mantiene al borde de las lagrimas y ahoga los gritos de las pequeñas bailarinas traviesas que husmean por ahí, pero ya será en otra ocasión.
Con el paso de los años, como a todos los humanos, Ana Rosa envejeció, perdió su extrema delgadez y su voz de miel, el color de sus cabellos recuperándolo con toques de pinturas artificiales, tornó de una bella bailarina, a una señora de talla con voz ronca y pesada que recuerda a sus jóvenes alumnas pagar sus colegiaturas para poder tener camioneta nueva.
Así solo queda el recuerdo de lo bello de aquella ya vieja mujer en la memoria de sus antiguas alumnas, como mi madre, y el grabado de su nombre en la banqueta a la entrada de la academia.
Relataré a continuación un poco más sobre la estructura de la academia; 2 entradas, en la principal un joven cubano de rizos por cabellos y sonrisa contagiosa esta siempre vociferando el nombre de las niñas cuando sus madres las van a recoger atascando el trafico del centro de la ciudad, la 2da entrada da a la dulcería donde Susie, si mal no recuerdo le provee a las niñas carbohidratos para que no desfallezcan. Las paredes tapizadas por las fotografías de ex bailarinas, obras presentadas, recortes de periódico alabando la gracias y destreza de bailarías al ejecutar con precisión, perfección y belleza los actos y "Solos". En este lugar lleno de recuerdos hay unas antiguas y cómodas sillas donde algunas madres esperan a sus hijas con revistas o hablando, como es común de campechanas, del más reciente chisme de la gente de sociedad.
Puedo verme caminar una vez más en esos salones de la planta baja, pisos de madera que crujen, brea para las zapatillas de punta, grandes espacios forrados de espejos, y una vieja barra como cenefa, donde las bailarinas confían su soporte y evitan el ridículo de caerse. Han pasado ya 5 años y aun me emociono al recordar el 1er día a puntas y lo largo de las horas de enseñanza para festivales y sobre todo de los lentejuelados leotardos.
Pero este relato no solo cuenta a grandes rasgos sobre la antigua academia de danza, la cual recuerdo con nostalgia y cariño, quiero enfocarme en algo más antiguo y desconocido para mí y muchas bailarinas mas. El Pianista.
Un Señor ya avanzado de edad, robusto pero elegante, de sonrisa ausente pero formal, usaba lentes por necesidad a la edad entre otras cosas pero si algo vale toda la pena mencionar de aquel distinguido personaje, era la destreza de sus manos y su pasión al darle forma a la música en el antiguo piano del salón.
El era nuestro Pianista, el titiritero y nosotras sus muñecas, el flautista que hacia bailar y girar a las pequeñas ratoncitas sin perder el compás y al terminar quietecillas como soldaditos de nuevo, solo necesitaba la indicación de la maestra en turno para elegir de su amplio repertorio la canción que necesitaba y con el "Maestro, por favor..." empezaba el concierto.
¿Cuál era su nombre? ¿Cuál era su edad? ¿Tenía familia? ¿Cómo se convirtió prodigio en el arte del piano? ¿Su sueño era estar sentado ahí en el salón o quería una sinfónica? No lo sé, y nunca me había hecho estas preguntas hasta hoy al recordarlo. -Mamá ¿Recuerdas al Sr. del piano de "Ana Rosa"? ¿Tocaba ya el piano cuando ibas a la academia?- pregunté sin esperar un si por respuesta, pero lo tuve, -Bueno mamá, '¿él era el único pianista o habían mas?- , -El era el único...- entonces mi mente imagina a mas de 1 maestra peleándose por él para que llenara de vida sus salones y clases con su música, -Mamá ¿Y cómo le hacían las maestras para dar clases, lo hacían sin música, ellas la tarareaban o se turnaban al Sr. del piano?-, mi mamá me miro con ojos de pistola, deseando que me callara de una buena vez y bajara a la escuela para que ella regresara a dormir cómodamente a su cama , -Bueno Caro recuerda que no estoy tan vieja, las maestras grababan las canciones del maestro en casetes y las reproducían en sus clases, mientras esperaban su turno para que el maestro en persona tocara el piano para ellas- ¡Claro! como pude olvidarlo, casetes, a mi me tocaron ya discos.
Imaginé al pianista triste, al ser reemplazado por nuestra nueva tecnología que suprime la delicia de tocar el piano y escuchar la música saliendo como ruiseñores de él, compás por compás, para reproducirla en frio plástico.
Me fui a la escuela aun pensando en el viejo Sr. imaginándolo que habría sido de él ¿Seguiría con vida? ¿Falleció? ¿Seguiría tocando en la academia si es que no padece de artritis ya? mas de estos pensamientos y suposiciones brotaban de mi cabeza, pero se de lo que estaré siempre segura, el recuerdo del viejo pianista cansado por los años pero de corazón joven y su música inmortalizada siempre en mi memoria.

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