Ahí estaba Él, apoyado contra una alta columna de estilo griego cuando volví la cabeza para observar detalladamente mejor el lugar donde me encontraba, un recibidor enorme con espejos tapizando el alto techo y el piso realmente lustroso, una soberbia escalera era el llamativo principal del cuarto y en las paredes colgaban cuadros que me eran desconocidos, tenia puesto un sombrero negro parecido al que llevaría un bueno mozo, solo que nosotros sabemos que el no es esa clase de caballero en lo absoluto, y temblé, temblé de miedo pensando en que pasaría en esta ocasión y espere ahí parada, pidiéndole a mi suerte que jugara bien mis cartas pasa salir ilesa una vez más, pues en este mundo, el mundo de mis sueños, el de mi bizarra cabeza, siempre hay que tener un As bajo la manga si se quiere hacer una gran jugada.
Tenía baja la mirada y la subió a la mitad, como esa típica escena donde el galán se baja los lentes y ve a la supermodelo que tiene enfrente, solo que en este caso se trataba de mi persona, -¡Carolina!- dijo muy animadamente, -¿Cómo es que te encuentras por aquí?- Yo pensé antes de hablar, pues se me hacia rarísimo que me hablara de manera tan animada y coloquial fuera de cualquier forma de acertijo y sin notas de desdén al hablar, - bueno a decir verdad, no lo sé, debe ser seguro un sueño mas -, cuando lo voltee a ver por segunda vez el elfo comenzó a caminar hacia mi mientras intentaba leerme la cara, tenía una rosa al final de la mano, -Bueno ya que te vas a quedar aquí un rato, ¿por qué no eres tan amable de acompañarme a ver lo que tengo en una bolsa allá arriba? Eres la persona indicada para darme una buena crítica… perfecta-, dejo caer la rosa roja a mis pies, me quede en blanco, las anteriores ocasiones donde habíamos estado los dos solos en un mismo lugar o en este caso habitación había tratado de matarme o mantenerme cautiva a su lado, y esta vez no iba a caer, pero ¿Qué más podía yo hacer en ese momento? Una negativa no es lo que él deseaba escuchar salir de mis labios, así que como la suerte ya estaba echada solo me quedaba participar en su juego y ganarle, -Dime ¿Qué clase de bolsa es aquella que escondes escaleras arriba? Es una bolsa normal o es mágica, o es… -, -No comas ansias, te empacharas, eso es muy malo, y no te conviene ¿sabes? Te diré que hay todo un arcoíris ahí dentro, solo es un instante, me acompañas y regresamos, ¿Qué dices?- No tuve más remedio que acceder, -Te acompañare si antes me dices tu nombre, no es justo que tu estés enterado el mío y yo desconozca el tuyo-, se quedo callado y noté un indicio de preocupación o duda en su reacción, no esperaba que lo condicionara o que le preguntara su nombre, -Yo suelo tener muchos nombres en tu mundo, pero aquí, en el mío o más bien, en el nuestro, podrás llamarme Anthony- Me pareció un nombre indicado para su elegante figura y forma de ser, camino hacia mí me tendió la mano esperando que le diera la mía y subimos juntos las escaleras.
Sentí que toda una eternidad se escurría debajo de mis pies con cada paso que daba, las escaleras parecían interminables y él, sujeto de mi mano, escalón a escalón parecía más desesperado por llegar, y con cada segundo empezó a acelerar hasta que sin verlo venir estábamos corriendo cuesta arriba sin parar hasta que en un movimiento rápido pero suave sujetando fuertemente mi mano me trajo hacia a él y se detuvo en seco, -Hemos llegado-, estábamos de pie frente a una gran puerta de madera color oscuro, podía ser café pantanoso o negro noche sin estrellas,
-Después de ti- y la puerta se abrió mientras cantaba un rechinido que me puso los cabellos de punta.
Dentro del cuarto estaban los más loco utensilios, todo atiborrado de artefactos antiguos, había un sin fin de jaulas con pájaros color amarillo sol, azules real, verde pasto y rojo sangre por doquier, acordeones, un piano, violines, un chelo y sobre todo tenía una pared con 3 grandes espejos separados entre ellos. Mientras yo contemplaba el cuarto entero, y el paisaje a través de una enorme ventana entre unas cortinas realmente bellas, Anthony apareció vestido como un mago era una combinación de estilos entre Tim Burton, Panic At The Disco y La naranja mecánica, pero no era copia de nada que yo haya visto antes, -Bueno tendrás que cambiarte para poder comenzar, a través de los espejos están las ropas que he me tome la libertad de escoger para ti- ¿A través del espejo?, ¿Se tomó la libertad de escoger para mí?, entonces sabia o esperaba mi llegada, en cuanto a la primera de mis preguntas, los espejos no pueden traspasarse, pero como ese era mi mundo ahí estaba yo como en Harry Potter traspasando la pared, y en efecto al otro lado había un vestidor enorme lleno de disfraces pero uno solo colgado frente de mi, ese era el que debía yo de ponerme, era un vestido blanco parecido a el vestido de Alicia y un vestido de novia con tiras anchas como que de elástico y tenía unas manguitas como de Alicia. Cuando salí del vestidor y estaba en el lado inicial del espejo, mire mi reflejo viendo como me quedaba el vestido, y mientras ajustaba aquí y arreglaba allá, Anthony apreció detrás de mí, me tomo de los hombros, se acerco a mi oído, -Así no querida, recógete el cabello-, -¿Sujeto en un chongo?- le pregunte, -¡No! en una coleta-, entonces me quite uno de los lazos que tenía el vestido y me amarre el cabello en una cola alta y lo amarre haciendo un moño al final que tenia forma de orejitas de conejo blancas, mi vestido y yo éramos de un blanco inmaculado.
-Bueno ¡Comencemos!, lo primero que debes de hacer es vendarte los ojos con esta cinta negra, déjame ayudarte- se acerco con la cinta que era de una textura algo transparente así que podía mirar y no quedar completamente a oscuras y la ató a la altura de mis ojos, -Ahora te daré muchas vueltas, pero primero mete tu mano en la bolsa y saca algo que deseas- abrió la bolsa de terciopelero gargoleada por la cual habíamos subido en primera instancia, y pensé en muchas cosas que podría desear en ese momento pero con la cabeza en blanco de tanto pensar metí la mano y saque unas zapatillas rojas de ballet, quede boquiabierta, -¿Son de tu completo agrado cierto?, ¿Son perfectas y preciosas, no es así?, ¿y no acaso son tuyas ya, ahora?-, gire para verlo mejor, me estaba sonriendo complacido de los poderes de su bolsa y seguro igual de su buen gusto -¿Qué estas esperando? ¡Póntelas!-, me acerco una silla y me senté en ella, me puse la primera zapatilla y calzó en mi de manera perfecta, ate las cintas, me puse la segunda y una vez lista me pare y Anthony puso a andar un viejo clavicordio que hizo sonar una música bellísima, -No olvides que aun debes de dar vueltas-, y como si las zapatillas tuvieran vida propia empezaron a bailar conmigo y no podía detenerlas, Anthony yacía sentado en la silla donde había estado yo antes, viéndome bailar la melodía que había puesto, mientras las zapatillas hacían pasos por mí que no podría hacer por voluntad, foetes y pirúes, hasta que quede muy mareada como era de esperarse, - Es hora de jugar a cortar el vestido de Alicia-, me siguió con unas tijeras de plata relucientes, dando saltos y vueltas con gracia y facilidad, y parecía que bailaba a mi lado mientras entre paso y paso iba cortando partes del vestido haciéndolos desaparecer, cortó lazos, elásticos, tela, y todo lo que al paso de la tijera se interpusiera, hasta que termino la música y el vestido largo término algo más corto y descubierto, parecido más ahora al de una bailarina que al de una novia, y el peinado que antes tenía cambio a un recogido griego adornado aun con la cinta pero ya no eran orejitas sino un pequeño lazo discreto de encaje blanco con un rubí en el centro.
Me senté en el suelo de madera para lograr recuperar la respiración al terminar el baile, Anthony acerco la bolsa de nuevo y dijo: - Es hora de que la magia se convierta en realidad- se sentó en el suelo enfrente mío -Yo tendré unas cartas y cada vez que la lámpara se encienda, tendrás que hacer lo que la carta o yo te digamos-, a lado de él había una lámpara larga que se prendía tirando de una cadenita,- Pero ¿Cómo sabré que la lámpara está encendida, si aun tengo la cinta en los ojos?-, -Bueno supongo que tendrás que adivinarlo- y después le dio un golpecito a mi nariz. -Toma aquí está tu carta- mi carta decía “conversación entre pugs” me reí mucho en ese momento y al encenderse la lámpara empecé a hacer como un pug, me dio otra carta “Ruiseñor” y cante armonías que nunca me hubieran salido bien fuera de ese mundo, Anthony estaba deleitándose de la orquesta de sonidos que había creado, así que después de un tiempo me hizo callar.
Anthony se acerco a mí, aun de frente, y me quito la cinta de los ojos, la cual desapareció antes de tocar el suelo, se sentó de rodillas frente a mí, saco una carta de su bolsillo, - Dime ¿Qué color es esté? se que te gusta-, me dio una carta de decorado rojo como una baraja común y corriente pero por el frente era blanca con una mancha de oleo de color…-Azul, es azul pavo real-, -Muy bien ¿y esté?, se que es tu favorito-, y sin mirarlo dije –¡Rojo!-, -¿y este y este y este y este……?- y una a una muchas cartas con gotas de oleo aun frescas fueron cayendo en mi vestido blanco que empezó a pintarse de colores, -Te dije que había un arcoíris ahí dentro, ¿No es así?- Lo mire y me atreví a sonreírle, no era tan malo después de todo, se había comportado de buena manera conmigo y todo estaba yendo bien o eso creía hasta que al devolverme la sonrisa estuvo cargada de malicia y dobles intenciones, -¿Aun quieres que me quede a tu lado verdad?-, Me pare rápidamente del suelo y antes de dejarlo responder salí corriendo hacia la gran puerta de madera, -¡Espera!, ¿Qué acaso no te han gustado mis regalos hacia ti? ¿Y no pasamos un tiempo agradable juntos?, quédate a mi lado y veras como todo es más fácil, pues lo bello debe estar enjaulado, ¿No ves todos esos pájaros en sus jaulas?- Conseguir abrir la puerta después de forcejear las manijas y la abrí de par en par, mientras Anthony me perseguía, -No quiero quedarme como esos pobres aves tuyas en sus jaulas por siempre, a un humano no se le hace eso ¿Qué quieres de mi?, ¡Tu pareces tenerlo todo!- Empecé a bajar las escaleras cuidando de no tropezar, -Yo, yo quiero algo que no puedo tener, quiero de ti tu corazón, eso es lo que me falta-, -No puedes tenerlo sin que yo viva y no te dejaría que lo tuvieras en un cofre, o me quedara viva a tu lado-, -y por eso tienes que quedarte, ¡Se mía o muere!- saco de su traje las tijeras de plata y las sostuvo en alto en una mano y con la otra hechizo las zapatillas para que se soltaran sus cintas y se enredaran haciéndome caer.
Rodé por las escaleras hasta llegar al piso y por más que intentara pararme no me respondía el cuerpo, Anthony se quedo de pie a lado de mí, observándome tirada en el suelo, -Ves, te has hecho daño- se agacho, tomo un rizo de mi cabello y lo corto con las tijeras, atándolo con un pedazo de encaje de mi vestido, -No importa que pase ahora, siempre que quiera vas a tener que volver-, empezó a subir las escaleras mientras veía como un tesoro el pedazo de cabello que me había arrebatado sin poder impedírselo.
Me desperté como muchas veces, pero sin sudar, ni gritar o llorar, eso lo hacía diferente de muchas otras, seguía viva y Anthony parecía haberse olvidado de lo que deseaba conformándose con un riso, me pare y fui a mirarme al espejo, me gire de espaldas y me pareció notar que un mechón de mi cabello estaba disparejo, un poco más corto que el resto…. ¿Podría ser eso prueba alguna de lo que paso la noche anterior? Anthony era real en un mundo donde nada es lo que parece.
Es real en mi cabeza.